Hacía tiempo que no vagabundeaba por las calles de Barcelona. Un pie tras otro, sin prisa, con pausas, sin ruta,... Cuando te pierdes (literalmente) sola por los callejones del casco antiguo, vas redescubriendo detalles en los que hacía mucho tiempo que no te fijabas: mosaicos de azulejos pintados en las paredes, preciosas farolas, balcones por los que el tiempo parece haber parado, personajes de lo más variopinto, escaparates llenos de historia,... Es entonces cuando vuelves a saber qué es lo que te prendó de esa ciudad. Es entonces cuando buscas un reloj, te sorprendes de lo tarde que se te ha hecho y decides continuar con paso ligero canturreando esta canción: